La solidaridad superó una tortura inmerecida


La dignidad se encuentra encarcelada. Escribí el 4 de junio pasado, cuando Gerardo Hernández Nordelo cumplió sus 45 años. En los últimos 13 días, creció el ensañamiento contra el Héroe de la República de Cuba. Lo confinaron al hueco. ¡Cuánto tormento inmerecido!

Pero la presión internacional se impuso. Una intensa campaña de solidaridad se desató luego de que los diputados del Parlamento cubano emitieron su desacuerdo con la arbitraria indicación del Buró Federal de Investigaciones (FBI). El Comandante en Jefe, Fidel Castro, durante el encuentro con miembros del comité nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas lo declaró abiertamente: Eso es tortura.

De inmediato amigos de Cuba y seguidores del caso de los Cinco Héroes en todo el mundo hicieron llegar un millar de correos electrónicos al Buró de Prisiones de los Estados Unidos. A las  autoridades de ese país no les quedó otra salida que liberar en la tarde del lunes 2 de agosto a Gerardo.

¿Por qué lo castigaron? ¿Qué hizo? Únicamente solicitó, con todo su derecho y desde el mes de abril, atención médica. Mientras esperaba por los correspondientes análisis clínicos, el 21 de julio ocurrió todo lo contrario. Lo despojaron de algunas pertenencias necesarias —reloj, radio portátil… cepillo dental— y fue encerrado en una reducida celda, con otro prisionero, cuyo espacio era de dos metros de largo por uno de ancho. Por demás, las temperaturas superaban los 35 grados Celsius.

Por un pequeño orificio, en lo alto de la pared, podía saber si afuera había sol, o luna. Mas, apenas contaba con la iluminación necesaria para leer o escribir.

Ricardo Alarcón de Quesada, presidente de la Asamblea Nacional de Poder Popular en Cuba, lo describió durante la sesión plenaria del Parlamento, en el Palacio de Convenciones. Entre tanto, las cámaras de televisión dejaban ver el rostro de Adriana Pérez O’ Connor. No dudo que incontables cubanas, conocedoras del más auténtico de los amores, adivinaron sus sentimientos.
Gerardo no podía recibir, ni enviar cartas. Tampoco llamar por teléfono a su amada. Ella de igual modo recibió la injusta tortura de la incomunicación, sumada a la negativa de visa para visitar a su esposo.

Supongo también, cuánta alegría experimentó en la mañana de este 3 de agosto, cuando escuchó la voz de Gerardo, y supo que desde la tarde de ayer había cesado la cruel e inmerecida penitencia. Que se encontraba otra vez en el área habitual donde cumple la exagerada sanción de dos cadenas perpetuas y 15 años de injusto encierro.

Innegablemente, se cumplió la solicitud de Alarcón. Fueron inundadas de mensajes las oficinas de la Casa Blanca. Otras tarjetas reclamando justicia habrán llegado a las mesas del presidente Barack Obama, su Fiscal General Eric Holder y la   secretaria de Estado Hillary Clinton.

Se ha ganado una parte de esta batalla. Gerardo ya no está en el hueco. En lo adelante, resta reclamar por la merecida atención médica especializada que debe recibir, y así aminorar sus dolencias de salud. Si bien en la conversación, Adriana lo encontró con buen estado de ánimo y elevada moral, no podemos olvidar que se encuentra enfermo.

Su recuperación será necesaria para continuar trabajando junto al abogado de la defensa Leonard Weinglass, en la demanda de hábeas corpus, presentada como último recurso legal que le queda en el sistema norteamericano y así defenderse de la injusta sentencia que ha recibido.

El pueblo cubano agradece la solidaridad internacional y confía en que cada día serán más quienes se sumen y se pongan a nuestro lado. Hasta lograr la liberación definitiva e inmediata de los Cinco compatriotas, cuya dignidad paradójicamente se encuentra encarcelada por luchar contra el terrorismo.

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2 respuestas a La solidaridad superó una tortura inmerecida

  1. Migue dijo:

    Menos mal, soy de lso que sueña con su libertad definitiva

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