Un Amor que Crece, más Allá del Tiempo


…del sol que alumbra el dulce abismo, Gerardo regresará

Por Freddy Pérez Cabrera

Tomado de Vaguardia.

Diez años no han podido impedir una relación tan hermosa como la de Adriana

Aún está en piel el framboyán donde Gerardo talló las iniciales de él y de Adriana.

y Gerardo. De ello se ha encargado la espiritualidad de estos dos seres excepcionales, capaces de sobreponerse a la maldad y la ira de quienes no conocen el poder del amor.

El día que Adriana Pérez  O’Connor conoció la noticia de la detención de Gerardo perdió la respiración y estuvo a punto de desfallecer. Ella estaba trabajando cuando fueron a comunicarle lo sucedido y lo recuerda como un instante muy duro. Era septiembre de 1998.

Tres años estuvo sin poder comunicarse con el amor de su vida. Solo sabía que estaba incomunicado en el hueco, sufriendo una horrible tortura. Fueron días terribles, ha dicho Adriana. Como podía ser posible que el hombre más noble del mundo estuviera recibiendo el trato solo prodigado a los asesinos.

El ring ring de una llamada telefónica recibida el 30 de diciembre del 2000 la sacó de su estado de tristeza. Era el Gera, como suele llamar ella a su esposo. Conversaron durante 12 minutos. Recuerda que no podía sostenerse en pie porque le temblaba todo el cuerpo.

No hubo tiempo para lágrimas; él preguntó por todos los familiares y amigos. Hablaron de planes futuros, de cosas íntimas. Viejos recuerdos vinieron a colación. Después de despedirse, la joven sintió en su rostro una sensación

En Caguaguas, Gerardo compartía las labores del campo con la familia de Adriana.

incontrolable. El corazón no cabía en su pecho. En el diario de René, este describe que después de colgar el teléfono, Gerardo fue dando saltos y gritos hasta su celda, tampoco él pudo controlar sus emociones.

La última vez que la pareja había compartido fue en noviembre de 1997. La noche previa a su partida los dos lloraron mucho, los lastimaba separarse nuevamente después unas vacaciones tan espléndidas.

Antes de partir, intercambiaron miradas, abrazos y besos por un tiempo interminable. No podían presentir que sería la última vez que se verían en estos largos 9 años.

Gerardo regresaba al extranjero tras dos meses de estancia en Cuba. Así había ocurrido desde que se casaron en 1988: un día antes de cumplir el primer aniversario de casados viajó a Angola, y doce meses después retornó a la Isla. En 1994, salió nuevamente fuera del país.

Amada, regresaré despierto…

Te acuerdas, Gera, del primer encuentro. Fue en una parada de la Rampa mientras esperaba la ruta 32. Yo era estudiante de Química, y tú, del Instituto de Relaciones Internacionales del MINREX. Entonces me dedicaste un poema titulado A la muchacha de la parada, y lo escribiste en una clase.

No te resultó fácil conquistarme. La primera vez que me invitaste a salir no te

Desde la prisión, añora volver a estas tierras villaclareñas.

atreviste a enamorarme. Pero la segunda no pudiste más y descargaste todo lo que sentías. Me caías bien, pero ese día me negué a formalizar el compromiso. Como a la tercera va la vencida, el 7 de noviembre de 1986, en la playita de la calle 16, en Miramar, flechaste mi corazón.

Según me has contado, esa noche no pudiste conciliar el sueño, de tanta felicidad que sentías. Diste vueltas en la cama y hasta te levantaste a mirar el reloj, ansioso de que llegara el día siguiente para verme.

Si esta noche estuvieras aquí nos sentaríamos en el portal, a tomar té y traguitos de ron, con miel, que es como a ti te gusta. La música, sin duda, Silvio Rodríguez y para completar, poemas de Benedetti, Nogueras, Gómez García o Fernández Retamar.

Como todo un campesino, en una de sus vacaciones junto a Adriana.

Oye, hace tiempo que no vamos por Caguaguas. Allá te espera Cito para que mates el puerco como siempre hacías. Si supieras, todavía está en pie el viejo framboyán donde tú tallaste nuestras iniciales. No recuerdo si fue allí donde me dijiste por primera vez «Mi Bonsái». Aún te veo recorriendo los jardines de los vecinos de la comarca, en busca de un príncipe negro para regalármelo.

La casa nuestra está tal y como tú la dejaste. Conservo varias plantas de las traídas de los lugares visitados. Desde aquí las observo, hay orquídeas, helechos, malangas y otras que esperan por ti para que las riegues.

Y así, de la inmensidad de Adriana van brotando los recuerdos y sentimientos más íntimos, esos que le han ayudado a soportar la terrible soledad de estos años.

Fotos, libros y objetos de Gerardo aparecen a cada golpe de mirada. Lo siente caminar por la casa, meterse en la cocina y abrazarla.

No lo van a impedir

Nada podrá impedir que estos seres excepcionales se amen como si cada día fuera el último.

El Gobierno de los Estados Unidos ha imposibilitado las visitas de Adriana a Gerardo, porque esta mujer es «un peligro para la seguridad del país».

En el 2002 recibió visa para viajar con el propósito de visitar a su esposo. Sin embargo, cuando llegó a ese territorio fue sometida por el Buró Federal de Investigaciones a un intenso interrogatorio.

Nadie puede matarles la esperanza del regreso.

Tras 11 horas de detención en el aeropuerto, le ordenaron regresar a Cuba sin que pudiera comunicarse con Gerardo. Desde entonces, ha continuado insistiendo en su solicitud de visa, y ellos, en su negativa.

Vive con la ilusión del regreso de su esposo. Cuando algunas personas le preguntan si confía en que vuelva, recuerda la canción de Silvio: Amada, regresaré despierto otra mañana terca de música y lirismo… regresaré del sol que alumbra el dulce abismo…

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